Polanco, fue un gran hombre y nadie duda de su talento, pero quizás si no se hubiera casado con Mari Luz, no habría llegado donde llegó. Ya sabemos que las relaciones sociales son un capital y como hay que hacer memoria, porque sin ella no somos nada. Hoy, voy a dar un repaso a alta alcurnia de nuestro país.
Mari Luz era hija única del matrimonio formado por Eduardo Barreiros y Doña Dora, Mari Luz lo tenía todo para haberse convertido en una Carmencita del Régimen. Don Eduardo, en efecto, llegó a convertirse en el Botín del Sistema. A pesar de tales antecedentes, siguió siendo la chica del dulce hablar y actuar -incluso tras el fracaso de su primer matrimonio con Alberto Comenge-, la mujer con fondo, gran corazón y cierta debilidad por el maquillaje, que un día, mediados de los 80, tropezó con un editor bajito, rudo, inteligente, apasionado del dinero y poco cultivado, que iba ya derecho a convertirse en el hombre más influyente del país.
Jesús y Mari Luz empezaron a vivir juntos en 1986, aunque no matrimoniaron hasta 1991, entre otras cosas por la férrea negativa de María Moreno, Chispa, a conceder el divorcio. Algunos amigos advirtieron, «cuidado, Mari Luz, que no tienes nada que ver con ese personaje y con su mundo, ¿no te das cuenta?». Las prédicas no valieron a la mujer de la dulce sonrisa.
Mari Luz ayudó a Polanquito a entrar en los salones madrileños de duquesas y marquesas de tronío. El no conocía a nadie en ese mundo, y para eso sí valió la niña de la dulce sonrisa. De meterlo en palacio se encargó Mario Conde, al que luego asesinó por la espalda y, tras quemar sus cenizas en plaza pública, las esparció al viento del «quien me hecha un pulso, lo pierde». Posteriormente, don Jesús fue uno de los grandes amigos del monarca, el primero en felicitarlo tras el discurso de Navidad, pero la primera amenaza de desestabilización que se yergue ante palacio.
Trepador sin escrúpulos, que hizo de la libertad, de las libertades surgidas tras la muerte de Franco, su negocio, Polanco seguía manteniendo en un puño al partido del poder, hasta el punto de que continúa siendo un enigma inescrutable si Prisa es del PSOE o es el PSOE de Prisa. El PSOE en un puño y en el otro una cuña, como Rato y Gallardon llegando así hasta el corazón del mismo PP.
En los últimos tiempos, don Jesús se convirtió en un tipo colérico, tan culturalmente limitado como siempre. Alejado de sus amigos de juventud perdió la cabeza seguro, tras haber ganado su particular pulso con Aznar -que ha acabado por servirle en bandeja el monopolio de la televisión digital.Por eso, ha sido especialmente sangrante para él que Mari Luz haya cogido el portante. «Problemas insalvables de comunicación». Suprema ironía, tratándose del primer editor del país. Una bofetada en el rostro de un hombre cuya soberbia sólo es comparable a su orgullo. El orgullo herido del hacedor de famas. Mari Luz, la mujer de la dulce sonrisa, ha terminado por volver a la vida y al amor abandonando su jaula de oro, decidida a emparentar de nuevo con la cultura, el buen gusto y el refinamiento.
La bella no necesita del poderoso editor, y así parece que se lo ha hecho saber, con las maletas en el pasillo de Méndez Núñez, al lado del Casón del Buen Retiro. Así como los hijos de Polanco se han mezclado con familias sin pedigrí, los Barreiros, a través de matrimonios de conveniencia, han ido emparentando con la nobleza (duques del Infantado, duques de San Miguel, marqueses de Mondéjar); con la aristocracia industrial (Urquijo y Oriol) y con la emergente burguesía Tegui (María Barreiros, hija de Valeriano, conde consorte de La Coruña, está casada con José María Amusátegui, jr).
Como es lógico después de tremendo episodio que supuso la ruptura del primer matrimonio del editor, la pareja tenía separación de bienes, pero Mari Luz no necesita dinero. Dicen que el editor se quedo desolado y no levantaba cabeza. Por una vez se han invertido los papeles, y ha sido ella quien ha puesto pie en el andén de las despedidas.
Mari Luz era hija única del matrimonio formado por Eduardo Barreiros y Doña Dora, Mari Luz lo tenía todo para haberse convertido en una Carmencita del Régimen. Don Eduardo, en efecto, llegó a convertirse en el Botín del Sistema. A pesar de tales antecedentes, siguió siendo la chica del dulce hablar y actuar -incluso tras el fracaso de su primer matrimonio con Alberto Comenge-, la mujer con fondo, gran corazón y cierta debilidad por el maquillaje, que un día, mediados de los 80, tropezó con un editor bajito, rudo, inteligente, apasionado del dinero y poco cultivado, que iba ya derecho a convertirse en el hombre más influyente del país.
Jesús y Mari Luz empezaron a vivir juntos en 1986, aunque no matrimoniaron hasta 1991, entre otras cosas por la férrea negativa de María Moreno, Chispa, a conceder el divorcio. Algunos amigos advirtieron, «cuidado, Mari Luz, que no tienes nada que ver con ese personaje y con su mundo, ¿no te das cuenta?». Las prédicas no valieron a la mujer de la dulce sonrisa.
Mari Luz ayudó a Polanquito a entrar en los salones madrileños de duquesas y marquesas de tronío. El no conocía a nadie en ese mundo, y para eso sí valió la niña de la dulce sonrisa. De meterlo en palacio se encargó Mario Conde, al que luego asesinó por la espalda y, tras quemar sus cenizas en plaza pública, las esparció al viento del «quien me hecha un pulso, lo pierde». Posteriormente, don Jesús fue uno de los grandes amigos del monarca, el primero en felicitarlo tras el discurso de Navidad, pero la primera amenaza de desestabilización que se yergue ante palacio.
Trepador sin escrúpulos, que hizo de la libertad, de las libertades surgidas tras la muerte de Franco, su negocio, Polanco seguía manteniendo en un puño al partido del poder, hasta el punto de que continúa siendo un enigma inescrutable si Prisa es del PSOE o es el PSOE de Prisa. El PSOE en un puño y en el otro una cuña, como Rato y Gallardon llegando así hasta el corazón del mismo PP.
En los últimos tiempos, don Jesús se convirtió en un tipo colérico, tan culturalmente limitado como siempre. Alejado de sus amigos de juventud perdió la cabeza seguro, tras haber ganado su particular pulso con Aznar -que ha acabado por servirle en bandeja el monopolio de la televisión digital.Por eso, ha sido especialmente sangrante para él que Mari Luz haya cogido el portante. «Problemas insalvables de comunicación». Suprema ironía, tratándose del primer editor del país. Una bofetada en el rostro de un hombre cuya soberbia sólo es comparable a su orgullo. El orgullo herido del hacedor de famas. Mari Luz, la mujer de la dulce sonrisa, ha terminado por volver a la vida y al amor abandonando su jaula de oro, decidida a emparentar de nuevo con la cultura, el buen gusto y el refinamiento.
La bella no necesita del poderoso editor, y así parece que se lo ha hecho saber, con las maletas en el pasillo de Méndez Núñez, al lado del Casón del Buen Retiro. Así como los hijos de Polanco se han mezclado con familias sin pedigrí, los Barreiros, a través de matrimonios de conveniencia, han ido emparentando con la nobleza (duques del Infantado, duques de San Miguel, marqueses de Mondéjar); con la aristocracia industrial (Urquijo y Oriol) y con la emergente burguesía Tegui (María Barreiros, hija de Valeriano, conde consorte de La Coruña, está casada con José María Amusátegui, jr).
Como es lógico después de tremendo episodio que supuso la ruptura del primer matrimonio del editor, la pareja tenía separación de bienes, pero Mari Luz no necesita dinero. Dicen que el editor se quedo desolado y no levantaba cabeza. Por una vez se han invertido los papeles, y ha sido ella quien ha puesto pie en el andén de las despedidas.
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